Desarrollan un sistema que permite monitorizar el grado de estrés para hacerle frente

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Investigadores del grupo de Biometría, Bioseñales y Seguridad (GB2S) de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) han desarrollado un sistema permite monitorizar el grado de estrés de las personas para “anticiparse” al trastorno.

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) prevé que para el año 2020 el estrés será el segundo factor causante de enfermedades en todo el mundo, además numerosos estudios señalan que el escenario ha empeorado de forma progresiva, situando el estrés como una enfermedad que el estilo de vida moderno promueve no sólo entre los adultos, sino también en niños, adolescentes o ancianos.

 

   El sistema permite monitorizar el grado de estrés de un individuo en tiempo real, cuantificándolo para que un supervisor o el propio individuo pueda detectarlo y llevar a cabo acciones para controlarlo. La solución la aporta un sistema ‘hardware’, encargado de capturar dos señales fisiológicas (tasa cardiaca y conductancia de la piel), y un software que analiza dichas señales en tiempo real, permitiendo de esta forma conocer el estado anímico del individuo.

 

   El dispositivo refleja la reacción de una persona ante un estímulo externo, lo que nos permite conocer de inmediato si dicho estímulo le ha supuesto una alteración anímica (si le ha estresado).

Antonio Cano-Vindel‘s insight:

El biofeedback o retroalimentación de las respuestas fisiológicas, como la tasa cardiaca y las respuestas electrodérmicas, permite el entrenamiento en autocontrol de estas respuestas. Sin embargo, sin ese entrenamiento dirigido por un experto, lo habitual es que la mera retroalimentación pueda conducir al descontrol más que al control. Para entenderlo podemos analizar lo que sucede con respuestas fisiológicas de las cuáles tenemos retroalimentación natural. Por ejemplo, todos podemos percibir si nos estamos poniendo rojos en una situación social, sin necesidad de usar un aparato que nos indique que nos estamos ruborizando, pues notamos cambios de la temperatura facial sin necesidad de sensores artificiales. Pero saber que nos estamos poniendo rojos no significa que podremos controlarlo. Por el contrario, algunas personas han desarrollado un aprendizaje desadaptado que consiste en ponerse aún más rojos cuando son conscientes de que están comenzando a ruborizarse. También se puede aprender a ruborizarnos con menor frecuencia e intensidad (el entrenamient en biofeedback tiene ya unas cuantas décadas de historia), pero el mero feedback natural no es suficiente para determinar si el aprendizaje se hará en un sentido o en el opuesto.

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Acerca de Antonio Cano-Vindel
Catedrático de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid Presidente de Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS)

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