Muchos medicamentos que usan los adultos mayores elevan el riesgo de caídas. Especialmente los fármacos psicoactivos

NUEVA YORK (Reuters Health) – Un estudio advierte que más de la mitad de los 20 medicamentos más recetados a los adultos mayores elevan el riesgo de tener una caída.

Los analgésicos y los antidepresivos son los fármacos que más están asociados con esa posibilidad, según revela la investigación con 64.000 suecos mayores de 65 años. Las lesiones graves eran significativamente más comunes con el uso de 11 de los 20 medicamentos estudiados.

“Los fármacos que afectan el sistema nervioso central, los hipnóticos, los sedantes, los analgésicos y los antidepresivos” son los más preocupantes, según comentó la autora principal, Jette Moller, del Instituto Carolino de Estocolmo.

Con su equipo estudió las caídas en los usuarios de alguno de los 20 productos más recetados a los adultos mayores de Suecia y de los que en varios casos se conocía el riesgo que provocaban. Los autores analizaron los datos de casi siete millones de suecos mayores de 65 e identificaron 64.399 casos con lesiones por caídas con internación.

 

Source: es.reuters.com

Los hombres y las mujeres que utilizaban analgésicos opioides y los hombres que tomaban antidepresivos eran dos veces más propensos a tener una lesión por una caída que los que no usaban esos fármacos. En las usuarias de antidepresivos, la posibilidad crecía un 75 por ciento.

Los medicamentos para tratar las úlceras y el ERGE, el calcio, la vitamina B12 y algunos analgésicos no opioides también estaban asociados con entre un 15 y un 75 por ciento más riesgo de sufrir lesiones por una caída.

Los estrógenos y ciertos medicamentos para el corazón no estaban asociados con las lesiones por caídas. "Ninguno de los fármacos para el sistema cardiovascular tenía ese efecto", dijo Moller. De hecho, tuvieron un efecto levemente protector. La única excepción fueron los diuréticos en altas dosis, según publica el equipo en European Journal of Public Health.

El estudio no prueba que los medicamentos provocaran caídas en todos los casos. Sobre los fármacos que nunca habían estado asociados las lesiones por caídas, como los anticoagulantes, los productos para las úlceras pépticas y la vitamina B12, los autores consideran que la causa estaría en la enfermedad que se intenta tratar.

Diferenciar entre las caídas que produce una enfermedad y las que se deben al uso de un fármaco no es fácil, según explicó el doctor Johan Fastbom, profesor del Centro de Investigación del Envejecimiento del Instituto Carolino y que no participó del estudio.

Por eso, recomienda "prestarle atención a otros síntomas que producen los fármacos", como el vértigo, los mareos, la somnolencia, las alteraciones psicomotrices, la debilidad muscular o el deterioro cognitivo.

Agregó que si un adulto mayor que está tomando esos medicamentos "tiene uno o varios de esos síntomas (graves), hay que evaluar si el riesgo supera el beneficio".

FUENTE: bit.ly/1AbFq0O

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Los trabajadores por turnos toman fármacos para regular el sueño a pesar de la escasa evidencia de beneficio

Los trabajadores por turnos toman medicamentos que les ayudan a mantenerse despiertos o a dormir cuando regresan a casa a pesar de la débil evidencia de su beneficio, según alerta una nueva revisión publicada en ‘Cochrane Library’. Los autores del trabajo encontraron sólo un pequeño número de ensayos de medicamentos sin receta y de venta con prescripción médica utilizados por los trabajadores por turnos y los resultados sugieren que para algunas personas podrían hacer más daño que bien.

 

En los países más desarrollados, al menos el 10 por ciento de la mano de obra está involucrada en algún tipo de trabajo por turnos y las estadísticas europeas sugieren que hasta tres cuartas partes de la población tienen horas de trabajo “no estándar”. Los trastornos del sueño normal y los patrones de vigilia aumentan el riesgo de accidentes y afectan a la salud de los trabajadores por turnos.

 

Por tanto, es importante evitar el trabajo por turnos, cuando sea posible, y mejorar los horarios para ayudar a estos empleados a llevar unas horas de sueño y patrones de vigilia más normales. En las personas que no pueden evitar el trabajo por turnos, como la atención sanitaria, la policía o los militares, los medicamentos pueden ofrecer beneficios a corto plazo.

 

La revisión incluyó 15 ensayos con un total de 718 personas. En nueve de ellos, el fármaco hormonal melatonina sin receta ayudó a este colectivo a dormir alrededor de 24 minutos más durante la noche o el día, en comparación con placebos, pero no a dormirse con mayor rapidez. Los datos de un único ensayo del fármaco hipnótico zoplicona revelaron que no fue más efectivo que el placebo a la hora de ayudar a los trabajadores del turno de noche a dormir durante el día.

 

Los ensayos restantes se centraron en la cafeína y dos medicamentos, modafinilo y armodafinilo, que se prescriben para frenar la somnolencia durante el turno de noche. En un ensayo, la cafeína redujo la somnolencia durante el turno nocturno, cuando los trabajadores también echaban la siesta antes de su jornada.

 

El modafinilo y armodafinilo, utilizados por los trabajadores por turnos en uno y dos ensayos, respectivamente, proporcionaron mayor estado de alerta y redujeron la somnolencia, pero también causaron dolores de cabeza, náuseas y un aumento en la presión arterial en un número sustancial de personas. Debido a los limitados beneficios y la frecuencia de los efectos secundarios, ninguno de estos medicamentos está aprobado para los trabajadores por turnos en Europa.

 

Source: www.psiquiatria.com

“Para muchas personas que cambian de trabajo, sería realmente útil poder tomar una pastilla que les ayude a dormir o permanecer despiertas en el momento adecuado”, reconoce el autor principal de la revisión, Juha Liira, que tiene su sede en el Instituto finlandés de Salud Ocupacional en Helsinki, Finlandia. “Pero a partir de lo que hemos visto, en nuestra opinión, no hay buena evidencia de que estos fármacos puedan ser considerados para más allá de un uso temporal y algunos pueden tener efectos secundarios muy graves”, advierte.

 

La mayor parte de los datos presentados en la revisión fueron de ensayos pequeños de baja calidad. Además, las pruebas tendían a llevarse a cabo en entornos específicos, como el cuidado de la salud o las plataformas petrolíferas, por lo que sus resultados pueden ser menos relevantes para los trabajadores de otros tipos de empleos.

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España aprieta los dientes

Bruxismo, migraña, infecciones… La angustia y la precariedad por la crisis agudizan dolencias del oído, la piel o el corazón

 

Anna Alcaraz estaba en la cocina del bar haciendo una tortilla de patatas cuando se cayó redonda al suelo. “Fue como si apagasen un interruptor”, explica esta secretaria de dirección que se reinventó como hostelera cuando su empresa dejó de pagar las nóminas. “Pasé de trabajar en una oficina a meterme 14 horas en una cocina, con la angustia de ser autónoma y la incertidumbre de empezar de nuevo a los 56 años… Yo creo que fue la tensión”, dice. Su otorrino coincide.

Como él, muchos especialistas —dentistas y neurólogos, cardiólogos o dermatólogos— están viendo cómo la crisis económica se les cuela en la consulta. Al mismo tiempo, se suceden estudios, seminarios y jornadas con títulos que empiezan igual: La crisis económica y las enfermedades… Y acaban distinto: cardiovasculares, respiratorias, mentales, infecciosas, otorrinolaringológicas…

Lo que le pasó a Anna se llama crisis de Tumarkin y, en su caso, lo provocó la otra crisis. Desde 2009 sufre la enfermedad de Ménière, un síndrome que afecta al equilibrio y la audición. “El estrés no te da Ménière, pero sí empeora la condición de quien ya lo sufre”, explica Jordi Coromina, otorrinolaringólogo del Quirón Teknon de Barcelona y médico de Anna, cuya enfermedad estaba controlada hasta que tras los cambios en su vida “se manifestó en plan bestia”, según la propia paciente. Mareos constantes, con picos de vértigo y vómitos cada par de días. “Los ojos te dan vueltas como si fueses una muñeca… Pero qué íbamos a hacer, no podía cogerme una baja, no daba para contratar a nadie”, cuenta. A más nervios, peor se ponía.

Source: sociedad.elpais.com

“La situación económica ha agudizado los acúfenos [zumbidos en los oídos] y los vértigos, muy relacionadas con el estrés”, dice el doctor Coromina. “Muchos pacientes te cuentan que están peor desde que les va mal… A algunos les estamos derivando a psicólogos y psiquiatras”.

Los oídos, los dientes o la piel se resienten de lo que pasa en las emociones. “Las patologías que más afectadas se están viendo son las de la salud mental: ansiedad y depresión”, afirma Domingo Orozco, de laSociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria. En las consultas de atención primaria los casos de depresión han aumentado un 19,4% y los de ansiedad un 8,4%, según un estudio del Instituto de Investigación en Ciencias de la Salud de la Universidad de las Islas Baleares   que atribuye un tercio de las consultas a la combinación del miedo al desempleo y a las dificultades para pagar la hipoteca.

“Las cefaleas tensionales, la migraña, o incluso la epilepsia, son muy sensibles a la falta de sueño”, dice Carlos Tejero, de la Sociedad Española de Neurología. “Ahora mucha gente no duerme tranquila”, continúa “Hemos tenido que subir la medicación a muchos pacientes, y a otros se les han recetado ansiolíticos o antidepresivos”.

José Luis de la Hoz, dentista de laSociedad Española de Disfunción Craneomandibular y Dolor Orofacial, es un experto en bruxismo, el hábito de apretar o rechinar los dientes de forma involuntaria, que también ha crecido desde que se hundieron los mercados. La solución suele ser una férula de descarga -un protector plástico parecido al que usan los boxeadores-, pero el dentista opina que muchos pacientes mejorarían con ayuda psicoemocional. “No hace falta que el paciente te lo cuente para ver que está pasando por una mala racha”, dice. “Los percibes más tristes, más angustiados y tensos, más sensibles al dolor”.

“Los pacientes, además, retrasan todo lo que pueden las revisiones y vienen solo cuando duele”, dice Mónica Vicario, de la Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración, “y en la boca se puede aguantar mucho sin que duela. Tanto, que luego es tarde”. Además, según los médicos, los pacientes con cuadros depresivos abandonan los hábitos de higiene y de una vida sana.

El bruxismo se retroalimenta de la ansiedad: los síntomas agravan la angustia que, a su vez, agrava los síntomas. Lo mismo ocurre con la psoriasis, una enfermedad autoinmune de origen multifactorial que se manifiesta a flor de piel. “Una persona sana cambia la piel cada 28 días, alguien con psoriasis lo hace cada tres”, explica Santiago Alfonso, de Acción Psoriasis, que ha visto como en los últimos cuatro años se ha duplicado el número de afectados que se han acercado a esta asociación de pacientes. Alfonso subraya además que los recortes penalizan al enfermo: “Muchos dejan de ir al médico por no quedar mal en el trabajo, o por no decir que están enfermos en una empresa en la que hay un ERE”.

La mayoría de los médicos consultados apuntan a que es pronto para tener datos sobre el efecto de la crisis en la salud y que estos son complejos ya que las enfermedades suelen ser multifactoriales. Hay estudios, pero hablan de indicios, percepciones o riesgos, más que de cifras. La revista The Lancet publicó en 2013 un repaso a la literatura médica europea. Los datos más llamativos: el aumento del contagio de HIV en Grecia (por la interrupción del programa de intercambio de jeringuillas a raíz de los recortes) y un 10% más de muertes invernales en mayores de 75 en Portugal (relacionada con las dificultades para pagar la calefacción). Algunos datos incluso se contradicen.

Lo cual no significa que los médicos no noten qué dolencias repuntan en las consultas. “Vemos más trastornos psicosomáticos, y otros que tienen que ver de manera menos directa con la esfera emocional, temas cardiovasculares, inmunológicos (que nos hacen más receptivos a infecciones como bronquitis o faringitis), desequilibrios hormonales (que pueden desencadenar o agravar la diabetes), y problemas relacionados con la desnutrición y la obesidad”, explica Mercedes Abizanda, de laSociedad Española de Médicos de Atención Primaria. Los facultativos también están preocupados por cómo aumenta el incumplimiento terapéutico de los enfermos crónicos: cuando alguien con hipertensión, diabetes o colesterol alto interrumpe su tratamiento porque no puede pagarlo.

El corazón es un buen ejemplo para ver los frentes por los que ataca la crisis. “Por un lado están los recortes en innovación, prevención y asistencia, y por otro el empobrecimiento de la población”, explica José Ramón González-Juanatey, presidente de la Sociedad Española de Cardiología, quien denuncia que “tras una reducción significativa y continua en los últimos 20 años de las enfermedades cardiovasculares, por primera vez en 2012 observamos un repunte del 2%”. El empobrecimiento aumenta factores de riesgo como el estrés, la obesidad, la ingesta de sal, el tabaquismo. “Cuando baja el nivel de vida, la mortalidad sube”, dice.

Al final, Anna dejó el bar. “He mejorado, por un nuevo tratamiento y porque estoy más tranquila”, cuenta. Ahora ella está en paro y el Ménière en “punto muerto”. “Esta enfermedad no te mata”, dice, “pero te da muy mala calidad de vida”. Como la crisis.

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